MUJERES Y DISCAPACIDAD EN CHILE: LAS BRECHAS SIGUEN ENTRE NOSOTROS

En el marco del Mes de la Mujer, repasamos las principales barreras y avances en los aspectos laborales y educacionales.

viernes 22 marzo 2024

Ariela Flores vive en la comuna de Linares, en la región del Maule. Acaba de cumplir 30 años y a los 27, debido a un retraso psicomotor, comenzó a perder la audición. 

 Entró a estudiar trabajo social con gratuidad, pero como tuvo que faltar a clases para atender temas de su salud,  perdió el beneficio. “Las mujeres con discapacidad tienen que enfrentar muchas barreras, ya sean laborales, educacionales o de salud. La gratuidad me la quitaron porque no tenía notas, ni mucha asistencia, pero fue por motivos de salud, no porque yo quisiera faltar a clases”, relata.

Por su parte, Carla Villarroel vive en Tomé y es titulada de trabajo social. Debido a su discapacidad física no ha podido encontrar trabajo, sin embargo, actualmente realiza asesorías de beneficios sociales en la iglesia a la que asiste. La sociedad tiene una imagen errónea de las mujeres con discapacidad. Las infantilizan y creen que no son capacitadas para ejercer laboralmente. La gran mayoría deben poner el doble de su empeño para poder demostrar que son personas capaces. Fue muy difícil para mí, asegura.

Por su parte, Carla Villarroel vive en Tomé y es titulada de trabajo social. Debido a su discapacidad física no ha podido encontrar trabajo, sin embargo, actualmente realiza asesorías de beneficios sociales en la iglesia a la que asiste. La sociedad tiene una imagen errónea de las mujeres con discapacidad. Las infantilizan y creen que no son capacitadas para ejercer laboralmente. La gran mayoría deben poner el doble de su empeño para poder demostrar que son personas capaces. Fue muy difícil para mí, asegura.

En Talcahuano, Joselyn Aguilera es psicóloga, tiene 31 años y trabaja de manera independiente realizando asesorías psicolaborales inclusivas, pero confiesa que no ha sido un camino fácil. Llevo más de 6 años buscando un trabajo estable”. 

 Como ellas, miles de mujeres con discapacidad deben enfrentar, día a día, episodios de discriminación o “doble discriminación”, sólo por ser del sexo femenino y —al mismo tiempo— tener una discapacidad. 

CIFRAS EN CHILE

De acuerdo al Tercer Estudio Nacional de la Discapacidad, en Chile hay 3.291.602 personas con algún tipo de discapacidad. De este porcentaje el 5.9% tiene discapacidad leve a moderada y el 11,1% tiene discapacidad severa. El estudio también evidenció que la prevalencia de la discapacidad, entre la población de 2 años y más, es mayor entre las mujeres que entre hombres, con un 20,4% y un 13,6%, respectivamente. Pero, si se habla en materia laboral, los datos de la Dirección del Trabajo arrojan que de los 52 mil contratos vigentes por Ley de Inclusión Laboral, sólo el 38,1% corresponden a mujeres.

¿Por qué ocurre esta diferencia? Según el Servicio Nacional de la Discapacidad, esto se enmarca en un contexto cultural patriarcal que ha estado por mucho tiempo en Latinoamérica, donde la mujer siempre tuvo un rol de cuidadora, sin salir de casa.

Tú dices: ‘soy sorda, tengo hipoacusia’, y te dicen: ‘la llamamos’. Entonces, siempre te ponen una barrera. Cuesta mucho encontrar trabajo”, complementa Ariela.

Daniel Concha, Director Nacional de Senadis, comenta que “estamos en una bisagra cultural, donde cada vez más mujeres participan del mundo laboral, pero las mujeres con discapacidad no están exentas de discriminación. Por eso, tenemos un desafío enorme para que las mujeres con discapacidad se nivelen en estudios en comparación con los hombres y se incorporen en el mundo laboral”. 

Respecto a los avances en materia de inclusión, Joselyn menciona que “existen mejoras para las mujeres y, también, para las personas con discapacidad. Pero falta mucho por mejorar en temáticas de inclusión, una mayor fiscalización de las leyes vigentes, más accesibilidad universal en diferentes espacios y ciudades, entre otros aspectos”. 

Si se habla de dependencia por discapacidad en nuestro país, las mujeres nuevamente representan la mayoría con 12,4%, en comparación con un 9,8% de la población masculina adulta. Y en el ámbito educativo, las mujeres también son quienes se ven mayormente afectadas. De hecho, el Tercer Estudio Nacional de la Discapacidad, reflejó que las mujeres con discapacidad presentan una tasa de escolaridad de 9,3 años, mientras que las mujeres sin discapacidad tienen un promedio de 12,1 años. 

Este escenario poco favorable hace que las mujeres sean quienes están más expuestas a vivir situaciones de discriminación o vulneración a lo largo de su vida, especialmente en el área laboral y educacional. Y no sólo las vuelve más propensas a enfrentar hechos de abuso o violencia, sino que repercute en su inserción social completa, relegándolas a condiciones económicas inferiores, acceso limitado a educación, imposibilidad de acceder a atención médica de calidad, entre muchos otros factores.

En el ámbito estudiantil hay muchas barreras a las cuales las mujeres con discapacidad nos enfrentamos. No hay baños para personas con discapacidad en cada facultad, no hay mesas que se ajusten a las sillas de ruedas. En el ámbito de salud, también hay barreras para las mujeres con discapacidad, sobre todo cuando necesitan saber sobre su salud sexual. Por ejemplo, no hay las condiciones básicas para poder estar en un espacio seguro para preguntar sobre su sexualidad; por lo general, tienen una silla ginecológica, pero no sirve para quienes tenemos discapacidad”, explica Carla.

EN BUSCA DEL CAMBIO

Frente a esta realidad, surgen iniciativas sociales como el Programa SOFIA, a cargo de SOFAN y Fundación MC, que busca mejorar el perfil laboral de jóvenes con discapacidad en todo el país. El programa ha apoyado a más de 70 mujeres, a través de talleres, proceso de acompañamiento y vinculación con empresas para la inserción laboral.

Para Ariela, el programa ha sido de gran ayuda para sentirse más cómoda consigo misma. ”He podido hacer una entrevista de trabajo igual que todos los demás. Para mí, ha sido calidad de vida, un apoyo fundamental y una herramienta más para mi diario vivir, y, especialmente, para sentirme integrada en la sociedad”.

Mi experiencia con el Programa SOFÍA fue muy enriquecedora, ya que en aquel momento, no tenía idea de cómo desarrollarme en el ámbito laboral. No sabía hacer un currículum, ni tampoco tenía experiencia en una entrevista laboral. Me sirvió mucho”, explica Carla.

Por último, Joselyn termina diciendo que “gracias al programa logré encontrar un trabajo, pero, especialmente, me enseñó tanto a valorar y conocer mis capacidades como también mis debilidades, para poder trabajar independientemente”.